Estrella Azul Fuego

La Leyenda de una Estrella Azul Fuego

Cuentan las leyendas moteras de la Isla Picuda que una vez un mozalbete de 10 años, que viajaba a la grupa de una reluciente Ultra de color gris humo que conducía su progenitor al frío viento del Padre Teide, preguntó a su padre:
“… Papá, ¿Cómo se llama esa estrella grande y brillante que asoma por entre la cumbre del Volcán?…

El padre detuvo la montura y llevó a su hijo al Mirador del llano de Ucanca.

“ Esa, hijo mío, es la ESTRELLA DE DIEGO, un viejo motero que nos dejó una aciaga mañana hace ya muchos años, pues apareció radiante y hermosa justo cuando él se fue… Diego era un Amigo, que supo ganarse el cariño y la amistad de todos los que tuvimos la suerte de conocerlo; afable, entrañable, siempre dispuesto a la sonrisa, a ayudar a los demás y a vivir plenamente su pasión de rodar contra el viento en compañía de sus Amigos, Diego nos enseñó a muchos que lo importante de esta vida, difícil y llena de contratiempos la mayor parte de las veces, es vivirla intensamente, dejarse llevar por la fuerza imparable que une a los hombres y les hace capaces de alcanzar las más altas metas, la HERMANDAD de los que viven su pasión sin más condicionantes, de los que sufren, se emocionan, ríen y lloran JUNTOS, porque sólo los que son capaces de sentir todo eso, podrán decir algún día que fueron felices, y que su vida, por larga o corta que pueda ser, mereció ser vivida…”

El muchacho escuchaba a su padre, embelesado por aquella hermosa estrella que refulgía incesante con tonos intensamente azules, que se tornaban color fuego en un espectáculo de una belleza incomparable.

“…¿Por qué cambia de color, Papá?…” – preguntó, intrigado.

“… Porque Diego, como todos los verdaderos MOTEROS, hijo, fue a la vez pureza y pasión, amistad y amor, fuego incesante que impulsa el alma, calma que relaja el espíritu, amigo fiel, perenne compañero de risas y tristezas, refugio de los desesperados, y sobre todo, fue LIBRE y vivió su PASIÓN rodeado de buenos amigos que nunca le olvidaron y aún hoy, cuando pasan por el lugar donde nos dejó, hacen rugir a sus monturas y ensordecen el cielo con el son de sus pitas para dedicarle un cariñoso saludo…” –le respondió aquel viejo motero con canosa chiva y los ojos humedecidos, que a duras penas dejaban escapar una lágrima.

“… Pero, Papá, van a pensar que estamos locos si pitamos sin sentido …”

“… No, cariño, simplemente somos MOTEROS, y a pesar de todo lo negativo que sobre nosotros dicen los que nunca sentirán la pasión y la amistad verdadera, aunque nos tachen siempre de lo que no somos, nuestros corazones vibraran siempre en el recuerdo de los que con nosotros compartieron un retazo de sus vidas, plenamente, contra el viento, sin importar otra cosa que disfrutar a raudales de la PASIÓN y la AMISTAD que compartimos… pronto lo entenderás, hijo mío, y sonreirás como hacemos nosotros ante esa hermosa ESTRELLA, e incluso verás a un viejo motero de luenga y canosa cabellera cabalgar, libre y feliz por la enorme bóveda celeste, resplandeciente en su alba e inmaculada Sportster rodeado por un infinito reguero de polvo de estrellas, y lo verás alzándote la mano, eternamente feliz y dichoso cruzando por la eternidad, y profundamente vivo en lo más profundo de nuestros corazones…”

“… Papá, quiero ser MOTERO!! …”

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