JETHRO TULL

BIOGRAFIA:

En 1967 lan Anderson cogió una furgoneta y se dirigió hacia Londres, llevando como equipaje el abrigo gastado que su padre le había regalado como despedida y una flauta y un micrófono; eran mucho más cómodos de transportar que la guitarra eléctrica que había dado a cambio para obtenerlos. Nacido en Escocia el 10 de agosto de 1947, Anderson había formado parte de varios grupos durante su juventud, alternando los conciertos en una banda de siete componentes, llamada unas veces John Evan Band y otras John Evan Smash, con las clases de la escuela de arte. Siempre en busca de nuevos espacios en los que actuar en la región de Midlands, el flautista se puso en contacto con Chris Wright, que entonces trabajaba en Manchester para una agencia que se ocupaba de la organización de conciertos. A pesar de estar comprometido con Ten Years After, Wright reconoció el potencial de Anderson y le aconsejó que buscara un guitarrista de blues que lo acompañase: la elección recayó en Mick Abrahams, ex Toggery Five y McGregors Engine.

Desgraciadamente, la falta de conciertos suficientes redujo el grupo a un trío: Anderson, Abrahams y el bajista Glenn Cornick. En este momento entró como batería Clive Bunker, amigo de Abrahams. En noviembre de 1967 los cuatro constituyeron una formación de blues, original por las interpretaciones de flauta del imprevisible Anderson. En este período eligieron, tras haber pasado por diferentes denominaciones -entre ellas Bag of Blues-, el nombre definitivo: Jethro Tull, inspirado en un agricultor del siglo dieciocho. A comienzos de 1968, Chris Wright fundó con Terry Ellis la compañía Chrysalis Records, con la intención de promover el blues y los grupos underground en Gran Bretaña; Jethro Tull fue uno de los primeros grupos que fueron contratados por la nueva compañía discográfica. A pesar de los modestos ingresos lan Anderson abandonó su trabajo de acomodador en un cine de Luton, concentrándose exclusivamente en el estudio y el ejercicio de la flauta, lan imponía unas circunstancias muy particulares: tocaba sólo sobre una pierna y hacía desesperar a sus colegas, que se daban golpes contra las paredes jurando venganza.

Finalmente Jethro Tull logró asegurarse un trabajo fijo en el Marquee de Londres; su popularidad se consolidó tras intervenir en el National Jazz and Blues Festival de 1968, en el que protagonizaron una notable actuación. Ese mismo año se publicó el primer álbum debut del grupo, titulado ‘This was’; se trata de enérgicas canciones rock-blues, condimentadas por la voz gruñona de Anderson y su flauta. El tema que parece ser el primero que Anderson aprendió a tocar, ‘Serenade to a cuckoo’, de Roland Kirk, es el único que revela una influencia clara del jazz. Surgen fatalmente las primeras tensiones dentro del grupo, derivadas de los roces entre los dos líderes, Anderson y Abrahams: finalmente este último, abandonó el grupo y formó Blodwyn Pig. Tony lommi, de Earth (más tarde fundador de Black Sabbath) le sustituyó provisionalmente, y después cedió su puesto de manera definitiva a Martin Barre. La sólida guía de Anderson volvió al grupo más compacto, y de esta buena condición surgieron los álbumes ‘Stand up’ (1969) y ‘Benefit’ (1970).

Su característica común es el estilo de Anderson tocando la flauta, absolutamente original; las influencias son de lo más dispar e incluyen el folk y la música barroca, logrando que convivan cómodamente con el timbre rock de Jethro Tull. La capacidad de Anderson para ligar su flauta a los pasajes de guitarra proyectó al grupo a las cabeceras de las listas inglesas, en las que se colocaron los singles ‘Living in the past’ (que llegó al número 3), ‘Sweet dream’ (1969) y ‘Witches promise’ (1970). La popularidad obtenida les permitió liberarse de la etiqueta de artistas underground y surgir como una de las mejores formaciones de rock progresivo. Lo suficientemente sofisticados para ser apreciados por los fans de Pink Floyd, y duros para conquistar al público de Led Zeppelin, pero con un toque particularmente inglés que les distinguía del montón. Se convirtieron en un grupo de culto y las larguísimas giras realizadas a ambos lados del Atlántico los hicieron muy populares tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos.

Otro factor que jugaba a su favor era la imagen de Anderson. A pesar de que la preparación musical de Anderson fue mejorando sensiblemente -estudiaba música del siglo dieciséis con el experto David Palmer, diplomado en la Royal Academy of Music- no era sólo la temática de sus canciones lo que interesaba al público. La gente se sentía atraída sobre todo por su show, cada vez más salvaje y extravagante. En 1970 Anderson, inauguró un aspecto de “mad dog” (perro loco), que de entonces en adelante se convertiría en su verdadera marca de fábrica y en la imagen predominante de las actuaciones de Jethro Tull: un showman barbudo que daba vueltas por el escenario con un abrigo hecho jirones y una flauta de plata en la mano. Ese mismo año la formación se amplió con la llegada de dos ex miembros de The John Evan Band: John Evan en los teclados y Jeffrey Hammond-Hammond (amigo de la infancia de Anderson: el flautista le había dedicado ‘A song for Jeffrey’ en el álbum ‘This was’), al bajo, en el lugar de Glenn Cornick; este último formó después Wild Turkey y, posteriormente, Kathargo y Paris.

Cuando el elemento teatral parecía que iba a imponerse sobre el estrictamente musical, Jethro Tull profundizaron en el trabajo de grabación en estudio, dando lugar a dos primeros álbumes-concepto. El primero, ‘Aqualung’ (1971), refleja las visiones de Anderson respecto a las religiones organizadas y el destino de la desafortunada vida de los marginados. La portada del disco muestra un retrato elaborado de la figura de Anderson, representado como un vagabundo apodado “Aqualung” (pulmón líquido) a causa del silbido que emitía continuamente. El álbum se vendió bien y el single extraído del mismo, ‘Life is a longsong’, se situó entre los primeros veinte de las listas de éxitos. ‘Thick as a brick’ (1972) fue mal recibido por el público y la crítica porque contenía una música pomposa y estaba lastrado por ejercicios instrumentales totalmente privados de calor y de inspiración. Se produjo un nuevo cambio en la organización del grupo: se marchó el batería, Clive Bunker (posteriormente se unió a Jude, a Blodwyn Pig y finalmente a Aviator), que fue sustituido por Barriemore Barlow.

El siguiente disco del grupo, ‘A passion play’ (1973), también fue rechazado por los críticos, contrariados por el hecho de que Anderson hubiera llevado la idea de disco-concepto demasiado lejos, extendiéndola a un espectáculo teatral orquestado, integrado por una película que el propio flautista había escrito y dirigido. No era la calidad musical la que se ponía en duda, sino las pretensiones del disco: como el anterior, ‘A passion play’ era prácticamente una sola canción subdividida en muchos episodios. El tema central es la vida ultraterrena, narrada a través de la historia de la traumática experiencia de un muerto que se encuentra a las puertas del paraíso con Lucifer, el cual se lamenta de su caída del cielo y de la pérdida de su estatus original como Dios de la feliz Inglaterra. Sofisticadísimo, ‘A passion play’ llevaba a la culminación los textos retorcidos de Anderson, acompañados por un tipo de música que intentaba romper la unión con el rhythm and blues en favor de un estilo “vieja Inglaterra”, estilo que volvería a surgir con el álbum ‘Songs from the wood’, publicado cuatro años más tarde.

‘A passion play’ tuvo una acogida ambigua tanto a causa de las letras, con frecuencia incomprensible, como por el hecho de que podía incluirse con dificultad en cualquier categoría rock. En señal de protesta por las manifestaciones de la prensa, Anderson anunció en 1973 que Jethro Tull suspendería por tiempo indeterminado su actividad en directo. Sin embargo, como era predecible, Jethro Tull no permaneció mucho tiempo alejado del público: el nuevo álbum ‘War child’, compuesto de canciones individuales, salió al año siguiente y las ventas superaron el millón de copias en todo el mundo. También la nueva gira tuvo muchísimo éxito: 100.000 espectadores en el Forum de Los Ángeles en cinco noches consecutivas, todas las localidades vendidas en cualquier lugar de Estados Unidos, de Australia, de Nueva Zelanda y de Japón. En Europa las cosas fueron bien hasta que Anderson se fracturó un tobillo en el escenario de Kiel, Alemania. Este imprevisto les proporcionó la oportunidad de aprovechar las características del estudio móvil del grupo, Maison Rouge: así nació el álbum ‘Minstrel in the gallery’.

Esta vez se trataba de una obra algo más dulce, gracias sobre todo al predominio del sonido acústico, pero siempre dotado con el estilo particular de Jethro Tull: una frescura fascinante y la habilidad de lan para ser al mismo tiempo reflexivo, lascivo y autocrítico. A finales de 1976 apareció una selección compilada por Anderson, que llevaba el misterioso título de ‘MU’. Después de innumerables especulaciones al respecto, el autor reveló que eran simplemente las iniciales de Musicians Union (Sindicato de músicos). La selección de canciones resalta las dotes melódicas de Jethro Tull, por lo que abundan las baladas; pero no falta un ejemplo de gran rock, ‘Locomotive breath’, uno de los temas en los que se puede admirar el diálogo entre la flauta de Anderson y la guitarra de Martin Barre. Ese mismo año, después de la sustitución de Jeffrey Hammond-Hammond por John Glascock, apareció un nuevo elepé, titulado ‘Too old to rock’n’roll: too young to die’. La idea original era la de un musical de teatro en el que debería participar Adam Faith; pero éste estaba ocupado en otra representación y Anderson tuvo que modificar su proyecto, hasta convertirlo en un disco para Jethro Tull.

Narra la historia del rocker Ray Lomas, personaje real conocido por el arreglista de Anderson, David Palmer. lan rechazó el asedio de la prensa para que admitiera que se trataba de una historia autobiográfica, basándose en el hecho de que en la portada aparecía una caricatura suya. Para promover la saga de Lomas, Anderson participó en varios programas de televisión y organizó una asociación excepcional entre la London Weekend Televisión y Capital Radio. Jethro Tull ya habían ganado once discos de oro, y la banda tuvo el honor, en 1978, de que uno de sus conciertos fuera transmitido por satélite. También editaron un álbum en directo, ‘Bursting out’, lleno de improvisaciones, de humor y de baladas sabiamente ligadas entre sí. Tan prolífico como de costumbre, Jethro Tull continuó creando álbumes a un ritmo constante: en 1979 apareció ‘Stormwatch’, no particularmente digno de mención, al que siguió, un año más tarde, ‘A’, disco programado inicialmente como obra en solitario de Anderson, pero en el que participó el grupo que, mientras tanto, había perdido a John Glascok, muerto tras una operación de corazón.

El álbum ‘A’ marcó un significativo cambio de dirección, sobre todo gracias a la influencia del invitado especial Eddie Jobson en los teclados y violín; en muchos aspectos trata de un álbum que afianza la fuerte presencia de Jethro Tull también en los años ochenta. ‘Broadsword and the beast’ (1982), álbum que presenta, por primera vez tras quince años de carrera, un productor externo, fue un éxito. “Cuando tocas durante varios años y te distingues por ciertos giros estilísticos”, sostiene Anderson, “siempre se te presenta el dilema de dar al público lo que espera de Jethro Tull sin comprometer el hecho de que tú mismo, como músico, tienes la obligación de no estancarte. Así que confiamos a otros la responsabilidad de trasladar nuestra imagen pública a la música, dando a la propia música ese grado de identidad que se refería a las líneas tradicionales de Jethro Tull, sin que se volviera repetitiva”. La otra gran novedad era el ingreso en el grupo de dos nuevos elementos: Gerry Conway a la batería y en las percusiones -un viejo conocido que antes tocaba en Election- y Peter-John Vettese, ex R.A.F., en los teclados.

El tan aireado y esperado álbum en solitario de lan Anderson cogió al público casi por sorpresa: en 1983 apareció ‘Walk into the night’, uno de los episodios fundamentales de la carrera del flautista-cantante. Anderson abraza con convicción la experiencia eléctrica, cambia el papel de su instrumento preferido transportándolo a una dimensión diferente y escribe textos ajenos a su tradición más radical. Sin embargo, la aventura en solitario solo fue un parentesis, y antes de un año se publicó un nuevo capitulo de la historia de Jethro Tull, ‘Under Wraps’ (1984) coincidió con su enesima gira mundial y con un nuevo cambio en la formación, entro Doanne Perry en las percusiones. Aunque se trata en conjunto de un buen trabajo, vuelve a poner de actualidad la crisis de creatividad de una banda que ya llevaba demasiado tiempo sobre la cresta de la ola; Anderson vivía retirado en Escocia, dedicado a la cría de salmones. El disco recupera los sonidos rurales que habían distinguido los álbumes de los tardíos años setenta, como ‘Songs from the wood’ (1977) y ‘Heavy horses’ (1978).

Jethro Tull se zambulle definitivamente en la celebración de la vida campestre y vuelve a pescar muchísimos retazos de folk inglés. En el verano de 1986 Jethro Tull realizó una serie de conciertos, participando exclusivamente en festivales folk y suscitando la impresión general de que se trataba de sus últimas apariciones. Sin embargo, esa era una opinión demasiado apresurada, puesto que se produjo un inesperado coletazo: a un año y medio de distancia, superadas las vicisitudes personales y los compromisos contraídos mientras tanto (Dave Pegg, por ejemplo, estaba en pleno intento de volver a fundar Fairport Convention) la banda regresó a los estudios para crear ‘Crest of a knave’. Raramente un grupo que llega a sus veinte años de carrera es capaz de sorprender: sin embargo, el nuevo álbum de Jethro Tull (1987) fue acogido con entusiasmo y sorpresa por parte de la crítica, y el público americano le brindó los primeros puestos de las listas de éxitos. Parece paradójico, pero ‘Crest of a knave’ abrió una nueva era para Jethro Tull, que recuperó su glorioso pasado gracias a la renacida guitarra de Barre y el relativo abandono de los teclados.

Este vigésimo primer disco no representa sólo el símbolo de la continuidad, sino que opta seriamente al título de mejor álbum de su carrera; ‘Budapest’, con el melancólico violín de Rick Sanders, refleja el mejor estilo decadente, mientras que el rock puro resurge en dos temas como ‘Jump start’ y ‘Raising steam’, sostenidos por el diálogo entre Anderson a la flauta y Barre a la guitarra, como en los buentos tiempos. La espléndida forma en que se encuentra el grupo se ve testimoniada por una gira europea realizada en el verano de 1988. Con ocasión de la gira Jethro Tul publica un costoso estuche con lo mejo de su producción, e, inmediatamente, otro doble (también antológico): ’20 years of Jethro Tull’. Tal longevidad, sorprendente para el público, ya no es un misterio para lan, que la interpreta de esta manera: “Las modas van y vienen, y las que pasaron antes o después terminan por volver. Así, si no has dejado de componer y de tocar durante tantos años, verás que no tendrás nunca necesidad de cambiar de vestido y de modificar tu música: habrá un día en el que estarás otra vez de moda”.

Anderson y su grupo han conquistado merecidamente su lugar en la historia del rock, y esto ocurrió ya hace mucho tiempo; la personalidad de “mad dog” es de las que dejan una huella imborrable, y el personaje al que ha dado vida es una continua inspiración para sus admiradores y seguidores. ¿Porqué continuar? “Por justificar la nota de mi pasaporte que dice: ‘Profesión: músico'”. La recompensa llega en 1989, cuando lan Anderson recibe un Grammy por ‘Crest of a knave’, y alabanzas por un ulterior álbum, ‘Rock Island’.

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